Crecimos juntas
cuando crecer
era todavía algo
que desconocíamos.
Un colegio.
Una calle.
Una merienda.
Una vida.
Nuestros padres compartiendo
mientras nosotras hacíamos ruido,
ese sonido tan nuestro
que también era la vida misma.
Y nosotras sin saberlo…
Éramos niñas
mucho antes de que el mundo
aprendiera a doler.
Antes de las ausencias.
Antes de las despedidas.
Antes de descubrir
que hay puertas que un día
se cierran para siempre.
A veces las ausencias llegan pronto,
demasiado pronto.
La vida empezó a arrancarte nombres
cuando todavía estabas aprendiendo
a escribir el tuyo.
Hay personas
que conocen demasiado pronto
el camino hacia la herida.
Pero tú hiciste algo
que todavía me conmueve.
No dejaste de reír.
No una risa pequeña.No una risa educada.
No esa que se pone
para que nadie pregunte.
Tú ríes a mares,
igual que sientes.
Como si dentro de ti
hubiera un océano
que se negara a secarse.
Ríes con todo el cuerpo.
Con los años.
Con las pérdidas.
Con las cicatrices.
Con todo lo que sabes
y con todo lo que has tenido que aprender
sin querer hacerlo.
Ríes
porque vives de la misma manera:
a mares.
Sin pedirle permiso a la vida.
La llenas.
La aprietas.
La muerdes.
La abrazas incluso
cuando está llena de aristas.
Y eso, Gaby,
es una forma de valentía
maravillosa.
Seguir queriendo.
Seguir celebrando.
Seguir encontrando una mesa,
una historia,
una canción,
una tontería cualquiera
por la que merezca la penamorirse de risa.
A veces pienso
que la felicidad no consiste
en que no te pase nada.
Consiste quizá
en que no consigan quitarte
la capacidad de seguir sintiéndolo todo.
Y a ti no te la han quitado.
Has llorado a mares.
Has perdido a mares.
Has tenido que recomponerte
más veces de las que nadie debería.
Y, sin embargo,
sigues viviendo a mares.
¡Qué cosa tan hermosa!
Qué manera tan tuya
de plantarte delante de la vida
y decirle:
todavía estoy aquí
y no quiero parar de reír.
Hoy cumples años
y no quiero desearte
una vida sin golpes.
Ojalá pudiera prometerlo.
Quiero que nunca se te seque la risa.
Que sigas encontrando motivos
aunque a veces haya que buscarlos
debajo de los escombros.
Que sigamos recordando
a aquellas niñas
que todavía viven en algún sitio,
corriendo por un pasillo
con cortinas de Santo,sin saber nada de despedidas.
Y quiero seguir riendo contigo.
Hasta que nos duela el cuerpo
y alguien nos mire
como si ya tuviéramos edad
para comportarnos.
Que nos miren…
Nosotras ya sabemos
que hay risas
que son una forma de permanecer.
Y cuando los años hagan de las suyas,
cuando nos desordenen el cuerpo,
los nombres y la memoria,
ojalá que todavía quede algo intacto:
tú riéndote.
Y yo, al lado, también
aunque sea sin saber por qué.
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